Como encuentran comida las hormigas

15 noviembre, 2014 0 No tags 23

La naturaleza sabe gestionar la aleatoriedad, el desorden, el caos. Porque la base de nuestra naturaleza es de corte caótico.

Este verano he tenido invasión de hormigas en el jardín. Antes de exterminarlas, las he estado observando. Observaba como creaban interminables autopistas por donde circulaban. La mejor observación que hice fue ver cómo mientras unas circulan en una dirección y otras en otra, se frotan las antenas para intercambiarse información. Esa información es la que les lleva donde está la comida.

Pero eso es el presente. Lo interesante es pensar en el pasado. En lo que las ha llevado a encontrar esa fuente de alimento, que ahora cientos de ellas colaboran en cortar y transportar a su casa. Porque las hormigas no tienen un centro de mando y control, y tampoco saben de estadística ni de funciones matemáticas.

Es primavera, el sol empieza a calentar y las hormigas empiezan por destapar y limpiar su hormiguero. El reto de la nueva temporada comienza. A priori, ellas desconocen donde van a encontrarse con la comida. Es aquí donde esta lo interesante. Como desconocen donde van a encontrar sus fuentes de alimento, tienen que manejar la incertidumbre, el azar.

¿Cómo lo hacen? Incrementando las posibilidades de encontrar alimento. Lanzan a cientos de compañeras fuera del hormiguero sin ninguna dirección concreta. Aquí está la primera clave: Lanzan fuera de la seguridad del hormiguero la cantidad que están dispuestas a perder.

La segunda clave: La cantidad que lanzan fuera es la cantidad justa para evitar poner en peligro la viabilidad del hormiguero y de su estructura social. Muchas no encontraran nada, otras morirán y no regresaran. Pero lo que ellas saben (lo que el sistema hormiguero sabe) es que otras encontraran fuentes de alimento, y que guiaran a las demás para transportarla hasta casa.

La conclusión: Las hormigas (el sistema hormiguero) saben cómo transformar la falta de conocimiento e información, en decisiones que las permiten sobrevivir.

Así es como manejan la incertidumbre, el desorden, asumiendo que tienen un tiempo limitado para encontrar alimento (lo que duran los meses de calor), asumiendo que van a tener pérdidas, y que estas van ser necesarias. Que son necesarias para encontrar filones de alimento que compensen con creces las pequeñas perdidas que se han producido debido a los riesgos asumidos. Nunca pensé que estos diminutos bichejos me enseñaran tanto, pero mi paciencia tiene un límite, las fumigue un día. Descansen en paz las de mi jardín. He sido su cisne negro.

Las hormigas no saben de funciones estadísticas. Ni tienen un centro de mando y control. Ni falta que les hace. El comportamiento de un hormiguero (como el de los demás sistemas naturales) encierra el patrón de funcionamiento que muestra cómo los sistemas sobreviven en entornos de máxima incertidumbre, y de cómo la gestionan con el máximo acierto.

 

Suerte y habilidades

8 noviembre, 2014 0 No tags 0

En nuestro mundo es muy común confundir la suerte con las habilidades. Vivimos bajo los efectos de esta confusión, y esto puede resultar catastrófico.

Solemos tener la impresión errónea de que una decisión es una excelente decisión cuando alcanzamos los resultados deseados. Por supuesto la suerte no tuvo nada que ver, fue nuestra visión, nuestros esmerados cálculos, nuestra impecable estrategia y forma de hacer. Pero cuando no alcanzamos lo que buscábamos, siempre decimos lo mismo: tuvimos mala suerte, imposible prever aquello o lo otro.

Recuerdo que cuando estudie el máster un profesor nos enseñó a manejar el statgraphics, un potente software de predicción de ventas, basado en medias móviles y demás cálculos matemáticos, todos basados en resultados del pasado. Era como intentar conducir mirando únicamente al espejo retrovisor. El problema, es que el tipo se creía que nos estaba enseñando algo útil. Un completo despropósito. No podemos hacer previsiones apoyados sobre datos pasados.

Las previsiones de ventas deben apoyarse en ventajas reales que estés desarrollando y que estén orientadas a satisfacer demandas reales. O mejor todavía en un sistema de prueba y error. No hay otro camino, pero sobre esto hablaremos en próximas entregas.

 

 

Lo que ves y lo que no ves

4 noviembre, 2014 0 No tags 3

Seguro que has oído hablar de estos tipos: Richard Branson (fundador de Virgin), Bill Gates (el de Microsoft), Larry Ellison, (fundador de Oracle, que en su momento se compro un Mig 25 ¿?), David Bisbal, Donald Trump…

Todos tienen algo en común: son figuras globales, tipos de éxito desmesurado con los bolsillos bien llenos. Trabajadores incansables, con visión de futuro, perseverantes, con don de gentes, y lo que cada uno quiera añadir. Seguramente todo esto sea cierto.

Lo que ocurre es que por cada uno de estas personas que triunfan existen miles de personas igualmente trabajadores incansables, con visión de futuro, perseverantes, con don de gentes, y lo que cada uno quiera añadir, pero que han tenido menos éxito en sus proyectos (personales o profesionales). Estos no salen en la revista Forbes, ni llenan las páginas de las revistas y los periódicos. Simplemente porque es imposible mirar y contar en el cementerio todos los proyectos con menos éxito (no por ello fracasados.)

Lo que realmente hacemos es ver punta del iceberg, su parte visible (que como sabes es la ínfima parte de la mole de hielo). Lo que nos escamotea la realidad, es la muestra total de las personas, de los profesionales que iniciaron proyectos. Si tuviéramos toda la muestra veríamos que es normal que una ínfima parte llegue a triunfar de forma exagerada (y aleatoria).

En resumen: Cuanto más alto el número de profesionales/proyectos en un sector, mayor es la probabilidad de que haya algunos con gran éxito como resultado de la suerte. De eso que llamamos estar en el sitio justo en el momento adecuado.

Piénsalo. Si todo fuera lineal, no tendríamos más que comprar la biografía de uno de estos tipos, seguirla paso a paso y “vuala” todos ricos, riquísimos. Pero hay algo más, un componente aleatorio. Un componente llamado azar.

El planteamiento es el siguiente: sobre una población de profesionales/proyectos/productos o lo que sea, un pequeño porcentaje triunfaran por puro azar (pura suerte). Es decir, una gran población de productos, profesionales, o lo que sea, producirá casi necesariamente algunos triunfadores por pura suerte.

No es una cuestión de todo o nada, es una cuestión de que todo es más aleatorio y menos lineal de lo que parece. La suerte favorece a los que están preparados, a los que trabajan más, y son más perseverantes, pero es posible que solo eso no sea insuficiente porque no son las causas finales del éxito. Por resumirlo: Estas personas básicamente están sumando más probabilidades de que les pasen cosas buenas.

Tenemos que estar en el andén. Tenemos que estar preparados para subirnos a los pocos trenes que pasan por delante con oportunidades (con opciones). Debemos arriesgar siempre y cuando tengamos claras las perdidas en que podemos incurrir y las limitemos. Es decir, tenemos que estar dispuestos a sangrar sin reventar.

Sangrar significa perder el dinero, tiempo, esfuerzo (lo que sea) esperados. Reventar significa perder mucho más de lo esperado.

Reventar puede suponer la imposibilidad de poder volverse a levantar, debido al volumen de la perdida. Como veremos más adelante, supone la imposibilidad de volver a la casilla de salida, supone que terminas viviendo debajo de un puente. Reventar es el cisne negro negativo.

 

Racionalidad Vs Realidad

28 octubre, 2014 0 No tags 1

Existen dos categorías extremas. El de las personas que creen que todo es racionalidad y razón (certezas por todos lados), y no aceptan el concepto de azar, y el de las personas que asumen las limitaciones e imperfecciones de la realidad e intentan jugar con ellas.

Las personas razonables y puramente racionales, son aquellas que no entienden ni alcanzan a distinguir la textura de la realidad. Estos todavía no se han dado cuenta que la naturaleza no ha creado ninguna línea recta (o muy pocas, ahora no caigo en ninguna). Las otras personas, creemos en las limitaciones e imperfecciones de la realidad, de nuestra forma de pensar y actuar.

Pero el problema es más profundo. El sistema de enseñanza nos sumerge en un mundo ideal y simplificado que nos ayuda (o al menos eso dicen) a comprender las dinámicas de la realidad y de la composición de nuestro entorno. Hasta aquí todo bien. El problema está, en que al terminar los estudios, se les olvida decirnos que la realidad que nos han estado enseñando es una realidad de laboratorio, simplificada e ideal, y que la cosa no funciona así. Un olvido tremendo, que podemos pagar caro.

Una moneda en la calle. Simplificamos de forma suicida las explicaciones sobre la realidad. El no discernir entre lo ideal y lo real tiene graves consecuencias, y nos impide apreciar la realidad tal cual es.

Si te pregunto cuál es la probabilidad de que salga una de las dos caras cuando tiro una moneda al aire, sin duda me dirás que una entre dos. Sobre todo si has sido escolarizado. De hecho cuanto mayor sea tu grado de formación más convencido estarás, y más trabajo te costará bajarte del burro.

Esta es la prueba de cómo el sistema de enseñanza con sus bonitas y elegantes formulas estadísticas y matemáticas te ha hecho la puñeta. Vamos a intentar que abras los ojos.

En efecto, una moneda lanzada en un aula de un centro de enseñanza (colegio, instituto, universidad, escuela de negocios o cualquier otra) tendrá una entre dos posibilidades (50%) de que salga una de las dos caras de la moneda. En el aséptico mundo de la enseñanza con sus entornos de laboratorio controlados es así.

A esta tirada vamos a sumarle la textura de la realidad. ¿Es la moneda perfecta? ¿Es el ambiente perfecto, sin ausencia de perturbaciones? ¿Siempre se tira la moneda de la misma forma? ¿Siempre se tira la moneda con la misma fuerza, con la misma mano…?

Pues ya lo tienes, un 50% de probabilidades en un aula no es un 50% de probabilidad en la calle. Si no te lo crees porque tengas algún tipo de título universitario, o lo que es peor un máster, haz la prueba. Es sencillo, coge cualquier moneda y comienza a anotar las tiradas que obtienes. Después de unas cuantas tiradas (hay que tener paciencia) veras como la cosa funciona de otra forma a cómo te han enseñado. Vaya, parece que había algo oculto, y nosotros si n verlo. La realidad es compleja y desordenada.

Por cierto, esa pequeña diferencia de porcentaje que se da entre la cara y la cruz es lo que llamamos azar. Y es precisamente en lo que nos tenemos que fijar, y no lo que tenemos que despreciar.

Nota: Si tienes algún conocimiento de estadística, me puedes decir que si tiras un infinito número de veces, es un 50%. Y en efecto, lo es. El problema es que tú no eres inmortal, y por lo tanto no puedes tirar un número infinito de veces. Esa diferencia que existe entre las dos tiradas para llegar al 50% de probabilidad es lo que se llama azar. Y es lo que te han enseñado a despreciar cuando es lo único que hay que entender. Así nos va.


Sobre desorden y azar

22 octubre, 2014 0 , 3

Lo primero, vamos a intentar explicar cómo funciona la fiesta en la que estás metido, vamos a intentar explicar Matrix. Este post trata sobre el azar, el desorden, sobre la no linealidad en la que se desenvuelven nuestras vidas, nuestro trabajo, nuestro dinero. Y va a poner patas arriba muchas de tus creencias, creencias que se han formado a lo largo de tu vida como consecuencia de tu aprendizaje convencional. Lo que te ha generado un conocimiento convencional, que tiene una gran cantidad de limitaciones, que lo hace en su mayoría inútil.

No nos gusta el azar. Además de ser incapaces, no tenemos voluntad alguna de aceptar el azar. Tal es así, que desarrollamos significados a cualquier cosa. Hasta el punto de ver personas y objetos en las nubes, o ver el futuro en los posos de una taza de té, y cosas por el estilo. Subestimamos la proporción de azar en casi todo.

Vivimos con la ilusión del orden, creyendo que la planificación y la previsión son posibles. Creyendo que vivimos en un mundo y una realidad lineal. Lo aleatorio nos perturba, nos descoloca, nos cuesta asimilarlo y entenderlo. De hecho nos pasamos la vida desarrollando todo tipo de previsiones y predicciones, sobre el tiempo, sobre la economía, sobre nuestra vida y nuestros negocios. Previsiones que casi siempre se revelan equivocadas, somos incapaces de estimar y ver el futuro. Así de sencillo.

De qué va esto del desorden, del caos. Caos es la gota que colma el vaso. El copo de nieve que provoca un alud, o el grano de arena que derriba un montón. Llamamos teoría del caos al estudio de las dinámicas no lineales, estas dinámicas son aquellas en las que un pequeño factor provoca respuestas desproporcionadas. Esas respuestas pueden ser positivas o negativas.

Si te fijas, nada ocurre mientras la montaña se va cubriendo de nieve, bonito paisaje, y todo un poco más blanco que de costumbre. Hasta que un copo cae, desestabiliza la masa de nieve y provoca un alud (que se puede llevar, y se lleva, vidas y bienes por delante en un abrir y cerrar de ojos). Entonces te das cuenta que la cosa no era tan estable (lineal) como creías ¿verdad?

Lo complicado (e imposible) es determinar cuál es el copo que va a provocar la avalancha, podemos ver el efecto acumulativo, pero no discernir que copo será el culpable. Lo que podemos es decidir no habitar en la falda de la montaña mientras nieva.

Con este post quiero abrirte una ventana para intentar que aprecies, la textura de la realidad que te rodea, la que seguramente te ha pasado desapercibida hasta ahora. Voy a intentar que entiendas que la realidad que te rodea es mucho menos lineal de lo que piensas, esta realidad está compuesta de saltos, de pequeños sucesos que provocan acontecimientos de tamaño desproporcionado (ya sean buenos o malos).

Cómo pensamos. El razonamiento inductivo es una modalidad del razonamiento no deductivo. Este razonamiento obtiene conclusiones generales a partir de premisas que contienen datos particulares.

Por ejemplo, de la observación repetida de objetos o acontecimientos de la misma índole se establece una conclusión para todos los objetos o eventos de dicha naturaleza. He observado un cisne blanco. He observado un segundo cisne blanco. He observado un tercer cisne, también era blanco. Conclusión: Luego, todos los cisnes son blancos.

En este razonamiento se generaliza para todos los elementos observados que son finitos (en este caso tres cisnes). Pero la verdad de estas premisas (tres observaciones de cisnes blancos). No hacen que la conclusión sea cierta (todos los cisnes son blancos). Puede que existan cisnes de otro color (negros, por ejemplo).

Por lo tanto la conclusión de un razonamiento inductivo sólo es probable y, de hecho, la información que obtenemos por medio de esta modalidad de razonamiento es siempre una información incierta y discutible.

En un razonamiento inductivo válido, es posible afirmar las premisas y, simultáneamente, negar la conclusión sin contradecirse. Acertar en la conclusión será una cuestión de probabilidad. A mayor cantidad de datos, ¿mayor probabilidad de acierto?

Según Hume: Ninguna cantidad de observaciones de cisnes blancos permite inferir que todos los cisnes son blancos, pero la observación de un solo cisne negro es suficiente para refutar esta conclusión. Otro ejemplo de cómo nos equivocamos: Llevo viendo a mi madre viva todos los días desde hace 43 años. Conclusión: Mi madre es inmortal.

De hecho cuanto más elaboradas sean nuestras previsiones, más frágiles seremos. Unas previsiones demasiado elaboradas implican que se debe desarrollar una gestión demasiado rígida, incapaz de adaptarse a los cambios aleatorios del entorno. Eso te incapacita para atender, entender y explorar a las diferentes opciones que van surgiendo por el camino.