Un tonto con suerte (un caso real)

20 diciembre, 2014 0 No tags 0

Elijo está historia porque los ejemplos del ladrillo se entienden bien. Es una historia real, de cuando estuve dedicado a desarrollar áreas de marketing y ventas para promotoras inmobiliarias durante los años del boom. Es una historia que comienza en 1994 y termina en 2012.

Tom (nombre supuesto) es promotor, y es un promotor como otro cualquiera. Comienza de forma modesta desarrollando pequeños proyectos durante los años noventa. A mediados de los noventa, España todavía se arrastra, recuperándose del impacto de la crisis del año 92, tenemos que pagar la juerga de finales de los ochenta. En este entorno de crisis nuestro promotor trabaja duro construyendo garajes. Todavía no tiene capacidad económica, ni puede acceder a vías de financiación para acometer proyectos de mayor porte, como son las promociones de viviendas o naves industriales.

Durante estos años, Tom trabaja mucho, vende con dificultad, pero vende, y va obteniendo beneficios. Estamos en el año 1997, y nuestro país comienza por fin a recuperarse de la crisis, el crédito comienza a funcionar y el consumo comienza a animarse. Tom comienza poder acceder a créditos para el promotor y comienza a desarrollar sus primeras promociones residenciales. Estas no tardan mucho tiempo en venderse con beneficios aceptables. Esto comienza a generar un ciclo virtuoso que envuelve a nuestro protagonista. Los bancos terminan por hacer cola delante de su puerta para ofrecerle créditos con los que financiar sus compras de suelo y sus promociones inmobiliarias que no tarda en vender ni un minuto. Tom esta en lo más alto. A Tom le está saliendo una cara detrás de otra. Es el rey del mambo. Estamos en 2006.

En 2006 Tom es un pequeño potentado, vive en una casa de tres mm de € en una urbanización de lujo. No le falta de nada. Este año Tom me pregunta que más puede hacer. Le respondo que lo mejor que puede hacer para mantenerse en el mercado inmobiliario es venderlo todo y marcharse a su casa unos años (le estoy intentando decir que vuelva a la casilla de salida de forma voluntaria). Que además de haber trabajado mucho ha tenido suerte. Que acumula muchas tiradas afortunadas, y de que está apostando más de lo que puede perder (en ese momento su nivel de endeudamiento ya es escalofriante.). Me mira como si me hubiera vuelto loco.

– mira chaval, todo esto lo he conseguido gracias al esfuerzo, al trabajo duro y a mi visión – me dice. – si estoy aquí es porque me lo he trabajado, me lo he ganado.

Le respondo que no lo dudo, pero que también ha tenido la suerte de estar en el sitio justo en el momento adecuado, le repito que además de trabajar duro ha tenido un gramo de suerte (la pequeña diferencia que hace que cuando tiras una moneda al aire el porcentaje de que salga cara o cruz no sea el 50%). Que aunque parezca fuera de toda lógica, lo mejor es venderlo todo ahora, retirarse, y volverlo a comprar por la décima parte cuando pasen unos años (cosa que yo hago). En resumen, lleva demasiados años saliéndole cara cada vez que tira.

Me replica que esto no tiene nada que ver con la suerte. Que la suerte no existe, y que en su vida el azar no tiene cabida. Pienso que es un tonto con suerte.

– Todo es cuestión de trabajo duro y visión – me dice. De inmediato me rescinde el contrato (piensa que soy gilipollas). Me quedo sin cliente.

Otoño 2008 quiebra Lehman Brothers. Año 2009 todo salta por los aires. A mí me pilla cómodamente sentado en mi sillón viendo el espectáculo. A Tom la ola se lo lleva puesto, en el año 2011 quiebra. No ha entendido nada, y va a pagar por ello. Ahora se lamenta de su mala suerte. Ahora parece que la suerte si existe, pero solo en un solo sentido, solo la mala suerte.

Nota: La historia del tonto con suerte puede reproducirse en los profesionales de otros sectores, y de forma muy destacada en los del sector financiero. Sector con superabundancia de memos. De hecho lo de Lehman, y lo del conjunto del sistema financiero, es la misma historia. Solo tienes que cambiar ladrillos por créditos, y promotoras inmobiliarias por bancos.

Nota necrológica: Es casi imposible que Tom pueda volver a la casilla de salida. Su nivel de endeudamiento era estratosférico. Aposto más de lo que podía perder, y literalmente, reventó.

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