Racionalidad Vs Realidad

28 octubre, 2014 0 No tags 1

Existen dos categorías extremas. El de las personas que creen que todo es racionalidad y razón (certezas por todos lados), y no aceptan el concepto de azar, y el de las personas que asumen las limitaciones e imperfecciones de la realidad e intentan jugar con ellas.

Las personas razonables y puramente racionales, son aquellas que no entienden ni alcanzan a distinguir la textura de la realidad. Estos todavía no se han dado cuenta que la naturaleza no ha creado ninguna línea recta (o muy pocas, ahora no caigo en ninguna). Las otras personas, creemos en las limitaciones e imperfecciones de la realidad, de nuestra forma de pensar y actuar.

Pero el problema es más profundo. El sistema de enseñanza nos sumerge en un mundo ideal y simplificado que nos ayuda (o al menos eso dicen) a comprender las dinámicas de la realidad y de la composición de nuestro entorno. Hasta aquí todo bien. El problema está, en que al terminar los estudios, se les olvida decirnos que la realidad que nos han estado enseñando es una realidad de laboratorio, simplificada e ideal, y que la cosa no funciona así. Un olvido tremendo, que podemos pagar caro.

Una moneda en la calle. Simplificamos de forma suicida las explicaciones sobre la realidad. El no discernir entre lo ideal y lo real tiene graves consecuencias, y nos impide apreciar la realidad tal cual es.

Si te pregunto cuál es la probabilidad de que salga una de las dos caras cuando tiro una moneda al aire, sin duda me dirás que una entre dos. Sobre todo si has sido escolarizado. De hecho cuanto mayor sea tu grado de formación más convencido estarás, y más trabajo te costará bajarte del burro.

Esta es la prueba de cómo el sistema de enseñanza con sus bonitas y elegantes formulas estadísticas y matemáticas te ha hecho la puñeta. Vamos a intentar que abras los ojos.

En efecto, una moneda lanzada en un aula de un centro de enseñanza (colegio, instituto, universidad, escuela de negocios o cualquier otra) tendrá una entre dos posibilidades (50%) de que salga una de las dos caras de la moneda. En el aséptico mundo de la enseñanza con sus entornos de laboratorio controlados es así.

A esta tirada vamos a sumarle la textura de la realidad. ¿Es la moneda perfecta? ¿Es el ambiente perfecto, sin ausencia de perturbaciones? ¿Siempre se tira la moneda de la misma forma? ¿Siempre se tira la moneda con la misma fuerza, con la misma mano…?

Pues ya lo tienes, un 50% de probabilidades en un aula no es un 50% de probabilidad en la calle. Si no te lo crees porque tengas algún tipo de título universitario, o lo que es peor un máster, haz la prueba. Es sencillo, coge cualquier moneda y comienza a anotar las tiradas que obtienes. Después de unas cuantas tiradas (hay que tener paciencia) veras como la cosa funciona de otra forma a cómo te han enseñado. Vaya, parece que había algo oculto, y nosotros si n verlo. La realidad es compleja y desordenada.

Por cierto, esa pequeña diferencia de porcentaje que se da entre la cara y la cruz es lo que llamamos azar. Y es precisamente en lo que nos tenemos que fijar, y no lo que tenemos que despreciar.

Nota: Si tienes algún conocimiento de estadística, me puedes decir que si tiras un infinito número de veces, es un 50%. Y en efecto, lo es. El problema es que tú no eres inmortal, y por lo tanto no puedes tirar un número infinito de veces. Esa diferencia que existe entre las dos tiradas para llegar al 50% de probabilidad es lo que se llama azar. Y es lo que te han enseñado a despreciar cuando es lo único que hay que entender. Así nos va.


Sobre desorden y azar

22 octubre, 2014 0 , 3

Lo primero, vamos a intentar explicar cómo funciona la fiesta en la que estás metido, vamos a intentar explicar Matrix. Este post trata sobre el azar, el desorden, sobre la no linealidad en la que se desenvuelven nuestras vidas, nuestro trabajo, nuestro dinero. Y va a poner patas arriba muchas de tus creencias, creencias que se han formado a lo largo de tu vida como consecuencia de tu aprendizaje convencional. Lo que te ha generado un conocimiento convencional, que tiene una gran cantidad de limitaciones, que lo hace en su mayoría inútil.

No nos gusta el azar. Además de ser incapaces, no tenemos voluntad alguna de aceptar el azar. Tal es así, que desarrollamos significados a cualquier cosa. Hasta el punto de ver personas y objetos en las nubes, o ver el futuro en los posos de una taza de té, y cosas por el estilo. Subestimamos la proporción de azar en casi todo.

Vivimos con la ilusión del orden, creyendo que la planificación y la previsión son posibles. Creyendo que vivimos en un mundo y una realidad lineal. Lo aleatorio nos perturba, nos descoloca, nos cuesta asimilarlo y entenderlo. De hecho nos pasamos la vida desarrollando todo tipo de previsiones y predicciones, sobre el tiempo, sobre la economía, sobre nuestra vida y nuestros negocios. Previsiones que casi siempre se revelan equivocadas, somos incapaces de estimar y ver el futuro. Así de sencillo.

De qué va esto del desorden, del caos. Caos es la gota que colma el vaso. El copo de nieve que provoca un alud, o el grano de arena que derriba un montón. Llamamos teoría del caos al estudio de las dinámicas no lineales, estas dinámicas son aquellas en las que un pequeño factor provoca respuestas desproporcionadas. Esas respuestas pueden ser positivas o negativas.

Si te fijas, nada ocurre mientras la montaña se va cubriendo de nieve, bonito paisaje, y todo un poco más blanco que de costumbre. Hasta que un copo cae, desestabiliza la masa de nieve y provoca un alud (que se puede llevar, y se lleva, vidas y bienes por delante en un abrir y cerrar de ojos). Entonces te das cuenta que la cosa no era tan estable (lineal) como creías ¿verdad?

Lo complicado (e imposible) es determinar cuál es el copo que va a provocar la avalancha, podemos ver el efecto acumulativo, pero no discernir que copo será el culpable. Lo que podemos es decidir no habitar en la falda de la montaña mientras nieva.

Con este post quiero abrirte una ventana para intentar que aprecies, la textura de la realidad que te rodea, la que seguramente te ha pasado desapercibida hasta ahora. Voy a intentar que entiendas que la realidad que te rodea es mucho menos lineal de lo que piensas, esta realidad está compuesta de saltos, de pequeños sucesos que provocan acontecimientos de tamaño desproporcionado (ya sean buenos o malos).

Cómo pensamos. El razonamiento inductivo es una modalidad del razonamiento no deductivo. Este razonamiento obtiene conclusiones generales a partir de premisas que contienen datos particulares.

Por ejemplo, de la observación repetida de objetos o acontecimientos de la misma índole se establece una conclusión para todos los objetos o eventos de dicha naturaleza. He observado un cisne blanco. He observado un segundo cisne blanco. He observado un tercer cisne, también era blanco. Conclusión: Luego, todos los cisnes son blancos.

En este razonamiento se generaliza para todos los elementos observados que son finitos (en este caso tres cisnes). Pero la verdad de estas premisas (tres observaciones de cisnes blancos). No hacen que la conclusión sea cierta (todos los cisnes son blancos). Puede que existan cisnes de otro color (negros, por ejemplo).

Por lo tanto la conclusión de un razonamiento inductivo sólo es probable y, de hecho, la información que obtenemos por medio de esta modalidad de razonamiento es siempre una información incierta y discutible.

En un razonamiento inductivo válido, es posible afirmar las premisas y, simultáneamente, negar la conclusión sin contradecirse. Acertar en la conclusión será una cuestión de probabilidad. A mayor cantidad de datos, ¿mayor probabilidad de acierto?

Según Hume: Ninguna cantidad de observaciones de cisnes blancos permite inferir que todos los cisnes son blancos, pero la observación de un solo cisne negro es suficiente para refutar esta conclusión. Otro ejemplo de cómo nos equivocamos: Llevo viendo a mi madre viva todos los días desde hace 43 años. Conclusión: Mi madre es inmortal.

De hecho cuanto más elaboradas sean nuestras previsiones, más frágiles seremos. Unas previsiones demasiado elaboradas implican que se debe desarrollar una gestión demasiado rígida, incapaz de adaptarse a los cambios aleatorios del entorno. Eso te incapacita para atender, entender y explorar a las diferentes opciones que van surgiendo por el camino.